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Abordo
ALBERTO GRIÑEN
Abordo y escribo, un tema rocambolescamente esperpéntico, pero de vital importancia para nuestra futura frustrada descendencia. Se ha sondeado -lanzando algún rumorcillo-, sobre una nueva reforma de la Ley de los abortos. Por cierto, y una vez más, majadero que estoy. ¿Para cuando una ley con cuatro supuestos para la vida?
Sin embargo no me explico porque atípica vía me llegó una especie de pentágono, hexágono, decálogo, o yo qué sé de los nonatos. Ciertamente tiene un cariz reivindicativo, cual convenio colectivo de última generación, aunque seguramente ésta, no llegue a nacer gracias a...
Bueno les transcribo parte de ese mensaje que se me quedó grabado en la azotea, y que dice: Los nonatos -a partir de ahora niños-, tendrán derecho, desde el mismo instante del acto de concepción, a ser respetados en base a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de la Declaración del Niño y aquí en España de la señora Constitución, que no conocemos pero ya nos cae simpatiquísima.
En primer lugar, las niñas y niños exigimos el derecho a cambiar de madre si no reúne el siguiente perfil: no fumadora, serena, guapa, trabajo estable, cariñosa, pero sin pasarse, nada de precocinados, ropa holgada desde el primer mes, fuera perfumejos, y por supuesto nada de continuar con... ¡eso!, ustedes ya saben, cónchale que no es nada agradable de repente ver a...
Otra, si la placenta no reúne las condiciones, el filtrado del hígado no es el idóneo, la sangre no es de primera calidad, exigimos otra madre más sana.
Al salir, que el babieca ese de verde no nos de nalgadas ¡abusador!, y si la maternal leche no está en su justa temperatura y con el dulzor adecuado ¡reclamaremos!
Las huellas dactilares de los piececitos no serán tomadas con ese mejunje, ¡pispito!, que busquen un sistema más estético y que haga cosquillitas, faltaría más.
Al llegar a este andrajoso mundo plagado de egoístas que se llaman personas, tendremos a nuestra disposición: móvil, video consola, motomoisés, peleles de ’ciertopelo’ y babuchas acolchadas, térmicas marca el perenquén feliz, y por supuesto, el derecho ipso facto a cambiar de padres si no reúnen unos mínimos para no avergonzarnos por la calle, además de que nos proporcionen una feliz estancia en este nido de víboras y escorpiones.
No se nos podrá obligar a bautizarnos con agua fría, ni hacer la comunión si las fórmulas no son de chocolate revestidas de caramelo, además exigimos... Al paso que vamos de abortos, pastillejas del día después, y una particular manera de entender los derechos de unas, y los alreves de los otros indefensos, mejor será... ni pensarlo.
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