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Me he negado a mí el ser feliz, el poner la mano sobre mi vientre y decir: buenas noches hijo mío

autor: Admin

categoría: SPA

Abierto a todos los lectores

 


Fui incapaz de hacerme la prueba de embarazo yo sola, y mucho menos capaz de hacérmela con mi novio. Casi era ya navidad y llame por teléfono a mi amiga Arancha (nos llamamos igual) para saber si podíamos quedar. Fui a buscarla al centro comercial en el que trabaja, compré una prueba y nos fuimos a su casa. A la salida nos dieron a cada una un globo enorme y precioso de color lila con un corazón dibujado que ponía "vive el momento". En ese momento no me dio mucho que pensar pero más adelante entendereís porque os lo cuento.

Llegamos a casa de mi amiga, nos sentamos un rato en el sofá y empezamos a charlar de cosas insustanciales y a reír de tonterías para pasar el rato, pero yo estaba distraída y en realidad ella hablaba pero yo no escuchaba. Finalmenteme decidí abrir el bolso y sacar mi test de embarazo. Tras leer 4 o 5 veces las instrucciones (yo nunca habia tenido necesidad de realizarme ninguno) me decidi a ir al baño con él.

Me sentía nerviosa y un punto angustiada, algo perdida y muy insegura de mí misma. Mi amiga me decía que era un simple retraso, pero yo no necesitaba que el test me dijera que estaba embarazada porque yo ya sabía que era así. Me senté en el inodoro y empecé a orinar sobre el palito. Había leído que eran necesarios unos cuantos segundos para que quedara bien empapado, así si que al cabo de un instante que me pareció eterno, lo saque para ver si estaba humedo ... y lo vi y dije, positivo, ya lo sabías, entonces ¿por qué lloras? Orine el resto, le puse la tapa al test y salí, sorprendida de que el resultado hubiera sido tan rápido pero a la vez agradecida de no haber esperado.

Se lo enseñé a mi amiga y me dijo "¿ya? qué poco has tardado", y yo le contesté que sí y que ni siquiera hacía falta esperar los dos o tres minutos de rigor para mirar el resultado, que estaba bastante claro. Ella cogió la prueba junto con la caja y comparó: dos lineas, embarazo. Lloré y lloré y aún no sé por qué, no fui capaz de ser yo la que informase a mi novio (él estaba en el trabajo), así que pedí a mi amiga que le llamase para decírselo. Tras esto, fue cuando empecé a no saber qué hacer, yo sé que Javi (mi novio) quería que lo tuviéramos pero yo tenía mucho miedo.

Mi amiga trató de "hacerme poner los pies en la tierra", asi fue como ella lo llamó y me recordó que Javi y yo no teníamos ni tenemos casa, que en ese momento yo estaba estudiando y que un bebé es mucho gasto. ¿Sinceramente? A mí en ese momento lo que ella me decía me daba igual, yo estaba convencida de que quería a mi pequeño bebé a pesar de mis miedos.

Javi vino a recogerme para llevarme a mi casa trayendome una caja enoooooooooorme de bombones Ferrero Rocher; supongo que quería animarme, pero la verdad es que no lo consiguió.

Al salir a la calle mi globo se enredó en una verja de una obra ... y se pinchó. Mi bonito globo lila con la inscripcion de "vive el momento " y su dibujo del corazón, había estallado. A mí me pareció una señal: en ese momento murió mi inocencia, y mi corazón estalló junto con el globo. Me sentí acabada. Solté la cuerda y huí a casa, como una niña asustada.

Esa noche miré mil veces la prueba de embarazo que tenía en mi bolso, y me diriji a mi bebé por primera vez. Le dije que le amaba, y puse la mano sobre mi vientre, le dije: yo quiero que te quedes conmigo pero vas a tener que echarme una mano y ayudarme a encontrar un trabajo. Fui a muchas entrevistas pero los días se iban pasando y al estar ya de lleno en las navidades todos los sitios en los que entregaba curricula me instaban a esperar a que pasaran ya las fiestas.

Empezaron las nauseas, me sentía enferma durante todo el día, estaba cansada y nada más que quería dormir y descansar.

Discutía con mi novio porque él se quejaba acerca de mi inactividad pero yo me sentía agotada e incapaz de comer nada. El 24 de Diciembre, al ver a mi novio vestido y arreglado para la cena de Navidad, supe por qué estaba embarazada y me sentí muy orgullosa de lo que crecía dentro de mí. Nunca podré querer más a Javi de lo que le quise en ese momento.
Llego la nochevieja, y con ella mis dudas, por algún motivo no probé la cena, y no fue a causa de las nauseas, más bien fue culpa de mi estado de nervios, que me hacia cambiar de opinión: hoy decido tenerlo, mañana me doy cuenta de que es una locura, pero pasado sé que quiero verlo crecer.

Sobra decir lo confusa que me sentía, tengo varias amigas que han abortado, y al escuchar su experiencia no me la presentaban como traumática, más bien me convencía de que era mi mejor opción.

Mi último movimiento había sido convencer a Javi de que no podiamos tener ese bebé, pero el día 1 de Enero intenté mi ultimo recurso: puse a mi pobre novio contra la espada y la pared y le informe de que ese bebé iba a nacer. Él ya no sabía qué decirme, pensaba que yo me limitaba a jugar con sus sentimientos, pero nada más lejos de mi intención. Le dije que tenía que decidir si lo quería o no, y le di una tarde para pensarlo ya que no era un tema que se pudiera demorar demasiado. Por supuesto estuvo a la altura, y me dijo que nos amaba al bebé y a mí.

Así que me di otra oportunidad. Fui a una entrevista de trabajo el dia 9 de Enero pero al final… nada. Los días se me echaban encima, el agobio me quitaba el sueño, y me dí cuenta de que no tenia más opción que abortar a mi pequeña alegría.

Me citaron el dia 16 de Enero. Cuando me levanté sentí unas nauseas horribles, me duché me vestí y fui a la clínica acompañada de una amiga. Por algún motivo había desarrollado una especie de odio incomprensible hacia mi novio desde unos dias atrás, que aún hoy me dura en algunos momentos.

Al entrar me registré en la recepción y a los cinco minutos de espera en una salita me llamaron para el análisis de sangre y la ecografía. Primero me realizaron la ecografia, la pantalla del ecógrafo estaba girada y nunca llege a ver a mi bebe (a decir verdad en ese momento lo consideré incluso apropiado para no dificultarme más el trago) y la sentencia fue “embarazo de 9 semanas” aunque yo había calculado 8 y pico. Antes de incorporarme me sacaron la sangre.

Al ponerme en pie sentí algo entre un mareo y nauseas, tuve que quitarme la chaqueta y recostarme en una silla. Todo esto sólo sirvió para hacerme tomar súbita conciencia de dónde estaba y qué iba a hacer, y asumir que no era un juego ni algo reversible. Lo tomé como un mensaje de auxilio de mi “pequeño bichito”, como si intentase hablarme y decirme estoy aquí, estoy bien, lucho por vivir, ¿Qué vas a hacerme mamá? Pero yo, con el corazón endurecido y una venda en los ojos que nadie me habia puesto, ignoré sus gritos.

El resto de pruebas se sucedieron con rapidez, me explicaron en qué consistía el aborto, y a través de un sencillo dibujo me dijeron cómo sería el procedimiento a seguir, me notificaron que en mi caso la mejor opción era anestesia general puesto que había sufrido una reacción vagotónica a causa de mis nervios. Me pasaron a la consulta del psicólogo y tuve que recubrirme a mí misma de una entereza que no creí tener. Me dije a mí misma, Arancha no llores, porque si empiezas no paras y no puedes permitirte venirte abajo ahora, no aquí no, no asi no.

Tras firmar unos formularios que ya no recuerdo ni de qué trataban, me administraron una pastilla para dilatar el cuello del útero y la tragué con un poco de agua, después me dieron otra que me coloqué bajo la lengua, y me dijeron que la dejase disolverse.

De vuelta a la sala de espera, me llamaron para realizarme un electrocardiograma, lo consideraron prudente ya que con 4 años fui operada de un ductus en la arteria aorta.

Me tuvieron que hacer dos porque estaba asustada y muy nerviosa, sentia que en cualquier instante podia ponerme a gritar y a llorar.
Tras esto, pasé a la consulta de la asistente social, donde firmé el último papel y aboné los 410¬ que supondrían el “fin de mis problemas” (lo pongo entre corchetes porque, casualmente, mis problemas empezaron al salir de la clínica). Me explicó las pautas a seguir tras mi aborto y me entregó una hoja en la que se especificaban todos los pasos a seguir: tratamiento, teléfono de urgencias en caso de necesidad, normas higiénicas etc.

Pasé a la habitación privada, donde me entregaron una bata azul, una cofia y unos cobertores verdes para los pies. Me explicaron que debía desnudarme y quitarme pendientes y piercings para poder entrar en el quirófano. Me quite todo deprisa y me senté en la camilla. La puerta del baño de la habitación estaba abierta y yo me miraba en el espejo y me odiaba, me daba asco y no me reconocía a mi misma.

Vino a buscarme un celador, que me guió hasta el quirófano, me tendieron en el borde de una camilla y coloqué las piernas en un soporte. Me ataron brazos y piernas con unos velcros, y el anestesista empezo a darme conversación. Me pinchó dos veces, supongo que una lo haría mal, y me dijo "puedes notar un mareo". De repente vi todo oscuro, se me empezaron a cerrar los ojos y sólo pense una cosa: "perdóname, te quiero".

De lo que pasó tras esto, me alegro de no saber nada, la verdad. Lo siguiente que sé es que estaba tendida en una cama en una habitación contigua al quirófano, y oír que alguien me llamaba para despertarme. Me habían colocado una especie de braguitas como de redecilla y una compresa enorme. Me quisieron trasladar a la habitación pero me sentía mareada en ese momento, y me dejaron ahí esperando lo que a mí me pareció un tiempo eterno. Pregunté cuanto rato habia estado dormida y me dijeron que tan sólo 7 minutos. También me pareció una eternidad.

Conseguí ponerme en pie y caminar hacia el cuarto que me habían asiganado; ahí pude reunirme con Sandra, la amiga que me había acompañado. En cuestion de 15 minutos me encontraba vistiéndome y con el alta en la mano.

Salí de aquel lugar, convencida de que todo estaba bien, sin saber que la parte más dura empezaba tras poner el pie en la calle.

Conseguí ver a Javi aquella tarde, sintiendo aún mucho rechazo por él. Yo le había prohibido ir a la clínica porque sabría que eso le haría daño a él y me dificultaría el momento a mí, y en el fondo sabía que si él iba y me sacaba de allí nos iríamos los tres y no volvería a pensar en el tema. Se que él hizo lo que yo le pedí, pero aún hoy le odio por hacerme caso. Además uno de los motivos por el que no quería que él me acompañase es que no destaca precisamente por su delicadeza (una de las primeras cosas que me preguntó fue si vi al bebé en el ecógrafo, y cómo era. Me destrozó entera).

Ahora mis noches son torturas en las que no puedo dejar de preguntarme si mi bebé habrá sufrido, que habrá sido de sus restos, si me odiará por ello y un sin fin de ideas negativas acerca de mi persona y mi integridad.

Sé que mi bebé me pidió auxilio, sé que me elevé un grito silencioso y sé que me negué a escucharle. Sé que no quiero olvidar y sé que aún no es mi momento para expulsar tanta culpa de mi interior.

Siempre que me he imaginado siendo madre me he imaginado con una pequeña niñita, pero por alguna razon creo que mi hijo era varón. No tengo forma de demostrarlo, pero para mí es mi ángel.

Sé que al abortar he negado a mi hijo la posibilidad de reir, de ser feliz, de sentir dolor en sus rodillas tras un resbalón, de enamorarse, de sentir cosas buenas y malas. Sé que le he negado muchas cosas, pero también me he negado a mí el ser feliz, el poner la mano sobre mi vientre y decir: buenas noches hijo mío.

De AVA

 

 

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