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Evidencias científicas sobre las repercusiones del aborto inducido en las mujeres

autor: Admin

categoría: SPA

Abierto a todos los lectores

 

Evidencias científicas sobre las repercusiones del aborto inducido en las mujeres

 

 

 

David Fergusson, miembro de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de Christchurch, Nueva Zelanda, es uno de los más importantes investigadores a nivel mundial del fenómeno del aborto y sus consecuencias psicológicas. En su estudio publicado por la revista Journal of Child Psychology and Psychiatry en el año 2006 (1), investigó por 25 años a un grupo de 630 mujeres desde su nacimiento, observando los desórdenes en su salud mental relacionándolos con el aborto y el embarazo. Hallaron que las mujeres de 15 a 18 años de edad que no habían quedado embarazadas tenían un 31.2% de probabilidad de sufrir depresión mayor. Las que habían quedado embarazadas y no habían tenido un aborto tenían una probabilidad de 35.7%. Pero aquéllas que habían tenido un aborto tenían una probabilidad de 78.6%. Para el caso de ansiedad, las estadísticas fueron muy parecidas: Sin embarazos: 37.9%; embarazo y no aborto: 35.7%; aborto: 64.3%. Y para las ideas de suicidio, sin embarazo: 23%; embarazo y no aborto: 25%; aborto: 50%.

Este estudio, que podría ser el más grande de su tipo, concluye que aquellas mujeres que tuvieron un aborto elevaron sus tasas de problemas de salud mental subsecuentes incluyendo depresión, ansiedad, comportamientos suicidas y desórdenes relacionados al uso de sustancias adictivas. Esta asociación persistió después del ajuste hecho con otros factores concomitantes”.           

El Instituto Elliot en Illinois publicó en el 2005 en la revista Journal of Anxiety Disorders (2) ,que las mujeres que abortan son 3 veces más propensas a presentar síntomas de desórdenes de ansiedad generalizada en comparación a mujeres con embarazos no planeados que dieron a luz. Así mismo Lauzon (3) y cols en la revista Canadian Family Physician del 2001, concluyen que tanto mujeres que han abortado como sus parejas del sexo opuesto, presentan mayor nivel de ansiedad.

La Dra. Coleman y cols. concluyeron en sus publicaciones de la revista British Journal of Health Psychology del año 2005 (4) , y American Journal of Obstetrics and Gynecology del 2003 (5)   que las mujeres con una historia clínica de aborto inducido son 3 veces más propensas a usar drogas ilegales durante un embarazo posterior; así mismo en su estudio de 2002 de la revista American Journal of Orthopsychiatry (6) que las mujeres que presentaron aborto inducido, contra las que llevaron a término su embarazo, presentan 42%, 30%, y 16% a 180 días, 1 año, y 2 años, mayor incidencia en la necesidad de tratamiento psiquiátrico.

Reardon y cols, en su estudio publicado en el 2004 por la revista Southern Medical Journal (7) , vinculó los certificados de defunción por concepto de partos y abortos de 173,000 mujeres de California, donde reportaron que las mujeres que se habían practicado abortos fueron casi el doble de propensas a morir en los siguientes 2 años y que el elevado índice de mortalidad en estas persistió durante 8 años. También demostró de manera significativa en su publicación el año 2003 (8) por la revista Canadian Medical Association Journal; el mayor riesgo de admisiones al área de psiquiatría por parte de mujeres que hubieran presentado abortos inducidos, contra las que llevaban a término su embarazo; así mismo en su estudio de 2004 (9) y del año 2000 (10) de la revista The American Journal of Drug and Alcohol Abuse, concluye que las mujeres que han presentado aborto inducido tienen mayor riesgo de abuso de sustancias ilegales, que las que no. De la misma forma publicado en el 2005 en la Canadian Medical Association Journal;(11) Veber y Gentles, llegan a las mismas conclusiones que su antecesor.

Cougle y cols, del Departamento de Psicología de la Universidad de Texas; publicó en el 2003 en la revista Medical Science Monitor (12) un seguimiento a 8 años post embarazo a mujeres que se realizaron un aborto inducido, quienes tuvieron un 65% de mayor incidencia de depresión, depresión crónica y ansiedad, que las que concluyeron con su embarazo. Sodenberg y cols, del departamento de Ginecología y Obstetricia del Hospital de Malmo, en Suecia, publicaron en 1998 en European journal of obstetrics, gynecology, and reproductive biology (13) que el 60% de la mujeres con un aborto inducido presentaban alteraciones emocionales y que el 30% se consideraban como alteraciones emocionales severas.

El estudio Finlandés de Gissler y cols, de 1996(14)publicado por la afamada revista de Brithish Medical Journal, demuestra como las mujeres que llevaron a cabo un aborto inducido presentan como efecto adverso del mismo deterioro de la salud mental(15)y 6 veces más incidencia de suicidio, que aquellas con embarazos que llegaron a término. Así mismo su publicación en American Journal of Obstetrics and Gynecology(16)del 2004 después de un seguimiento de 13 años demostró que la muerte materna vinculada al aborto es 2.95 veces más elevada que el de los embarazos que llegan al parto, incluyendo a toda la población femenina de Finlandia (donde el aborto es legal y se practica en hospitales), entre 15 y 49 años; así mismo describe que la tasa anual de muertes de mujeres que se han practicado un aborto en el año anterior fue un 46% más alta que la de mujeres que no estaban embarazadas Las mujeres cuyo embarazo culminó en el parto tuvieron un índice significativamente más bajo de mortalidad que las otras mujeres, quienes tuvieron una tasa de 57 muertes por cada 100,000; mientras que las mujeres embarazadas, cuyo embarazo culminó en el parto, tuvieron una tasa de 28.2 muertes por cada 100,000; para las que tuvieron pérdidas, dicha tasa fue de 51.9; y para las que se practicaron abortos, la misma fue de 83.1

También existen consecuencias del aborto inducido en futuros embarazos. Hendricks y cols, demostró en 1999 en su publicación de Journal Obstertics and Gyneacology Research(17), que mujeres con 2 o más abortos inducidos tienen 2.1 más probabilidades de presentar placenta previa. Ananth(18)y cols, publicaron en 1997 en American Journal of Obstetrics and Gynecology en un meta-análisis de 3.7 millones de mujeres embarazadas donde 13,992 presentaron placenta previa y se relaciona más fuertemente con las mujeres que presentaron un aborto inducido. Zhou y cols. en su publicación en Obstetrics and Gynecology de 1999(19), estudió 15,727 mujeres con abortos inducidos en el primer trimestre de la gestación contra 46,026 mujeres que llevaron a término su embarazo, concluyendo que los abortos inducidos aumentan el riesgo de futuros embarazos pretérmino o post-término. Conclusiones similares las presentan Henriet y Kaminski(20)en el 2001, publicado en The Brithish Journal of Obstetrics and Gynecology donde estudiando a 12,432 mujeres concluyen que el aborto inducido aumenta el riesgo de embarazos pre-término futuros.

Las evidencias presentadas sobre las implicaciones físicas y psicológicas en la mujer después de un aborto inducido, nos deben llevar a la siguiente reflexión: estos estudios se realizaron en países donde el aborto es una práctica legal llevada a cabo en la mayoría de los casos por los servicios de salud del estado, donde este asume en la mayoría, la totalidad de los costos. ¿Con qué recursos humanos y materiales responderían los servicios de salud del Gobierno del Distrito Federal ante todas estas potenciales consultas y servicios de hospitalización en caso de despenalizar la práctica del aborto, si actualmente existe gran ineficiencia por parte de los mismos?, ¿Cuál sería la repercusión en el tiempo de espera en la atención de partos, cesáreas y cirugías ginecológicas programadas, si el aborto ocupara un lugar primordial para dichos servicios de salud? Es importante que antes de presentar una reforma de ley, los legisladores estudien a profundidad las repercusiones que estas pueden conllevar para toda la ciudadanía.

 

María del Rosario Laris de Tort.

Médico Cirujano, Maestra en Salud Pública.

(1) Fergusson D.M; Horwood J; Ridder E. M.  Abortion in young women and subsequent mental health. J Child Psych and Psych. 2006; 47:1, pp 16–24.

(2)Cougle J. R; Reardon D. C; Coleman P.K. Generalized anxiety following unintended pregnancies resolved through childbirth and abortion: a cohort study of the 1995 National Survey of Family Growth. J Anx Disor. 2005; 19: pp 137–142.

(3) Lauzon P; Roger-Achim D; Achim A; Boyer R. Emotional distress among couples involved in first-trimester induced abortions. Can Fam Physician. 2001 Feb;47:249.

(4)Coleman P.K; Readon D.C; Cougle J.R. Substance use among pregnant women in the context of previous reproductive loss and desire for current pregnancy. Br J Health Psychol. 2005; May; 10 (Pt 2): 255-68.

(5)Coleman P.K; Reardon D.C; Rue V.M; Cougle J. A history of induced abortion in relation to substance use during subsequent pregnancies carried to term. Am J Obstet Gynecol. 2002 Dec;187(6):1673-8

(6)Coleman P.K; Reardon D.C; Rue V.M; Cougle J. State-funded abortions versus deliveries: a comparison of outpatient mental health claims over 4 years. Am J Orthopsychiatry. 2002 Jan;72(1):141-52.

(7)Reardon D.C; Ney P.G; Scheuren F; Cougle J, Coleman P.K; Strahan T.W. Deaths associated with pregnancy outcome: a record linkage study of low income women. South Med J. 2002; Aug; 95(8):834-41.

(8)Reardon D. C; Cougle J.R; Rue V.M; Shuping M.W; et al. Psychiatric admissions of low-income women following abortion and childbirth. CMAJ. 2003; 168 (10):1253-56.

(9) Reardon D. C; Coleman P. K;  Cougle J. R. Substance use associated with unintended pregnancy outcomes in the National Longitudinal Survey of Youth. Am J Drug Alcohol Abuse. 2004 May;30(2):369-83.

(10)Reardon D.C; Ney P.G. Abortion and subsequent substance abuse. Am J Drug Alcohol Abuse. 2000 Feb;26(1):61-75.

(11)Veber L.L; Gentles I. Psychological aftermath of abortion. CMAJ. 2005;173 (5): 466.

(12)Cougle J.R; Reardon D.C; Coleman P.K. Depression associated with abortion and childbirth: CR a long-term analysis of the NLSY cohort. Med Sci Monit, 2003; 9(4): CR157-164.

(13)Soderberg H; Janzon L; Sjoberg N.O. Emotional distress following induced abortion: a study of its incidence and determinants among abortees in Malmo, Sweden. Eur J Obstet Gynecol Reprod Biol. 1998 Aug;79(2):173-8.

(14)Gissler M; Hemminki E; Jouko Lonnqvist J. Suicides after pregnancy in Finland, 1987-94: register linkage study. BMJ. 1996; 313: 1431-143.

(15)Morgan C. Mental Health may Deteriorate as a Direct Efect on Induced Abortion. BMJ. 1997: 314: 902.

(16)Gissler M, Berg C, Bouvier-Colle MH, Bueckens P. Pregnancy-associated mortality after birth, spontaneous abortion or induced abortion in Finland, 1987-2000. Am J Ob Gyn 2004; 190:422-427

(17)Hendricks M.S; Chow Y.H; Bhagayath B.  Previous cesarean section and abortion as risk factors for developing placenta previa. J Obstet Gynaecol Res. 1999; Apr;25(2):137-42.

(18)Ananth C.V; Smulian J.C; Vintzileos A.M.The association of placenta previa with history of cesarean delivery and abortion: a metaanalysis. Am J Obstet Gynecol. 1997 Nov;177(5):1071-8

(19)Zhou W; Sorensen H. T; Olsen J. Induced abortion and subsequent pregnancy duration. Obstet Gynecol. 1999; Dec; 94 (6): 948-53.

(20) Hanriet L; Kaminski M.Impact of induced abortions on subsequent pregnancy outcome: the 1995 French national. BJOG. 2001 Oct;108(10):1036-42.

Jueves, 04 de Octubre de 2007 15:06

 

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