Esta web utiliza cookies, puedes ver nuestra política de cookies, aquí Si continuas navegando estás aceptándola
Política de cookies +

estás en: Adopción Espiritual :: Textos clave

Nick: Pass:

 

versión imprimible o para lectores de baja capacidad visual

en esta categoría y grupo:
La aventura más moderna
«Se hizo carne»
El mundo del revés: ¡Matar es un derecho!

 

Otras categorías:
25 de marzo
Adopcion espiritual en el mundo
Adopción espiritual: antecedentes
Anticonceptivos
Asociaciones pro vida
Bioética
Con humor y con amor
Cultura de la vida
Documentos
Educación
Familia
Iniciativas
La acción provida
La oración provida
La voz del Papa
Libros
Motivos para adoptar
Nosotros
Oración
Otros
persecuciones
Poemas
Preguntas y respuestas
Recursos Provida
SPA
Testimonios
Vigilias
¿Por qué luchar contra el aborto?

 

Añadir un comentario

 

Buscar

ingresa una palabra o frase

Buscar en:

marcar/quitar las categorías

Adopción Espiritual:

Textos clave

Oraciones

¡Urgente!

Presentación

Testimonios de adopción espiritual

Está sucediendo:

Noticias

Calendario

Extras:

 

dentro de los textos

en títulos

en resúmenes

La aventura más moderna

autor: Admin

categoría: Relativismo ~ Expresa las ideas del sitio

Abierto a todos los lectores

 

haz click aquí

Juan Manuel de Prada

AFIRMABA Chesterton, refutando a quienes sostienen que la religión católica abruma y aflige a los hombres, que los únicos países de Europa en los que todavía se canta y se baila son aquellos donde aún es fuerte la influencia de la Iglesia de Roma. «La doctrina y la disciplina católicas son muros, si se quiere -escribía en Ortodoxia-; pero son muros de un teatro de regocijos». Y, a continuación, esbozaba una alegoría de plena vigencia: «Imaginémonos que un corro de niños juega sobre la florida cumbre de una isla eminente: mientras haya un muro que cerque la cumbre, pueden entregarse a sus locos juegos y poblar el sitio de rumores. Supongamos ahora que el muro se derrumba, dejando a la vista los precipicios: los niños no caen necesariamente; pero cuando, poco después, venimos a buscarlos, los hallamos amontonados en el vértice de la isla cónica, mudos de horror. Ya no se les oye cantar». Esa imagen de unos niños asomados a un abismo de angustias que nos proponía Chesterton representa como ninguna al hombre contemporáneo, más concretamente al hombre occidental. Ha derribado los muros que cimentaban su existencia, creyendo que así accedería a una forma de vida más libre; pero, en su lugar, se ha topado con ese indescifrable malestar que nos corroe cuando nos hallamos a la intemperie, sin vínculos ni asideros que nos ayuden a combatir ese hastío metafísico que empieza a ser el principal signo de identidad de los países prósperos, ensimismados en su bienestar.

Hay quienes sostienen que el cristianismo encarna una mentalidad premoderna, atrasada, que nos devuelve a las eras de oscuridad. Si la gente, en lugar de leer las majaderías que escriben los «modernos», se dedicara a leer un poco a los maestros, descubriría que el cristianismo fue la luz que impidió que Europa se extinguiese, como antes se extinguieron Asiria o Babilonia. En una época de decadencia y acabamiento como la nuestra, el pensamiento cristiano vuelve a erigirse en muro de salvación que nos abriga de la intemperie. Frente al inventario caótico de dulces incertidumbres con que nos anestesia el relativismo, frente a esa convicción cada día más extendida según la cual el hombre se convierte en un ser desvinculado (de Dios, de la moral, de la Historia), el cristianismo nos enseña que no estamos necesariamente condenados a vivir en un mundo fragmentario, ininteligible, sin vínculos con el pasado. El humanismo cristiano muestra una forma diversa y más exigente de ser moderno, una nueva «vinculación» con la realidad -revitalizada por el encuentro con Cristo- que restituye al hombre su genealogía espiritual.

Intentar comprender la realidad sin contar con la trascendencia, como pretende el relativismo, es un despropósito. La historia humana, a la postre, se resume en la búsqueda afanosa de Dios; todo lo demás es cronología y tedio. Una época como la nuestra, que se pavonea de haber desterrado la trascendencia, es como una casa sin ventilación: quizá vista desde fuera, su fachada resulte muy lustrosa e incitante; pero en su interior se retuercen las serpientes de la asfixia. Los muros del cristianismo quizá parezcan ásperos, inexpugnables en su grosor milenario; pero son muros, como nos enseñaba Chesterton, de un teatro de regocijos. La aventura de la ortodoxia cristiana es una magnífica alternativa al hastío metafísico que el relativismo nos vende como marchamo de modernidad (cuando en realidad es síntoma de rigor mortis); y se trata, además, de la única aventura moderna que aún podemos vivir en una Europa marchita, vetusta, podrida, decrépita, fiambre.

Esos chicos que se han reunido en Colonia, en torno a un hombre vestido de blanco, encarnan la esperanza de una resurrección.

JUAN MANUEL DE PRADA

 

 

 

enviar por mail (¡también a tu propia casilla!)

 

Añadir un comentario

 

título:

 

autor:

(54.80.89.--- )  

 

 

Adopción Espiritual

programación y diseño: Estudio Quijote